Misericordia,
una oportunidad
de vivir

 

Portadores de esperanza

Día 27: viernes, semana 4

Manteniendo viva la esperanza

Mantener viva la esperanza que María proclamó para el mundo hace muchos años en el canto del Magníficat es un aspecto importante de ser parteras de la esperanza (Lucas 1:39-55). Frente a las injusticias alrededor del mundo, la compasión nos conduce a llorar con angustia como lo hizo Dios ante las injusticias que enfrentaba Israel: «He estado en silencio durante mucho tiempo, me he callado y aguantado… Ahora, como mujer que da a luz me quejo, me ahogo y respiro entrecortado» (Isaías 42:14). Así es como nos sentimos a menudo cuando trabajamos para contraatacar la injusticia de forma no violenta.

Ser parteras de la esperanza es trabajar diligentemente para asegurar que toda la vida permanece sagrada y que la libertad, la paz y la justicia permanecen como derechos inalienables para todas las personas.

Nuestro trabajo por la paz, la justicia y la integridad de la creación es en realidad una danza cósmica que debe llevarse a cabo dentro de nuestras familias, en nuestros vecindarios, en nuestros lugares de trabajo, en nuestras escuelas, nuestras iglesias, nuestras comunidades: en todos los lugares de la tierra y por la tierra.

Reflexión

  • ¿De qué manera soy solidaria con las personas que sufren injusticias, desprecios? ¿Cuál es mi actitud ante tales acciones y ante las personas involucradas?
  • ¿Cuál es mi actitud hacia los refugiados?
  • ¿Soy una persona conciliatoria?

    Una persona es conciliatoria por naturaleza si siente la necesidad de reconciliarse con Dios.

    No somos capaces de consolar, perdonar y soportar la injusticia con paciencia si no reconocemos esta obligación (deber) hacia Cristo que nos ofrece siempre la posibilidad de reconciliarnos con Dios (J. F. Keenan, Les Oeuvres de Misericorde)

  • ¿Qué significa para mí trabajar por la integridad de toda la creación?

Vida floreciendo

Mándala creado por Rachel

Oración

María,
consíguenos ahora un nuevo ardor de resucitados
para llevar a todos el Evangelio de la vida
que vence a la muerte.
Danos la santa audacia de buscar nuevos caminos
para que llegue a todos
el don de la belleza que no se apaga.
(Papa Francisco, La alegría del Evangelio)

 

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