Misericordia,
una oportunidad
de vivir

 

Reconciliación más allá de la comunidad eclesial

Día 13: viernes, semana 2

 

Enfrentando verdades escondidas

Por una variedad de razones tenemos la habilidad de evitar la reconciliación con aquellas personas de quienes estamos separadas. Rezamos para nunca caer en la trampa que conduce a mucha ira y frustración, cuando las personas se encuentran enfrentadas entre sí y les falta la buena voluntad de sentarse y hablar con la otra persona.

Las heridas escondidas durante décadas tienen una manera dolorosa de surgir a la superficie, algunas veces invitadas, a menudo sin invitación. Ahora existen muchas comisiones de Verdad y Reconciliación en todo el mundo, cada una aflora la magnitud de los errores cometidos contra los aborígenes, las primeras naciones y las personas de color. Aun con este enfoque sensible para tratar la historia dolorosa, se nos recuerda que aunque es un proceso largo y realmente duro, la reconciliación es realmente posible. Lo mismo puede decirse cuando abordamos las experiencias de las víctimas y sus opresores en los escándalos de abuso sexual que se han llevado a cabo en varias iglesias en muchas partes del mundo.

La violencia doméstica contra la mujer ha estado escondida durante siglos. En las décadas recientes hemos visto el surgimiento de muchas organizaciones, refugios seguros para mujeres abusadas y sus hijos. Lo mismo puede decirse de los grupos que trabajan por eliminar la incrementada trata de mujeres y niños. Más que nunca estamos conscientes de los desafíos que enfrentan las familias y nuestros hermanos y hermanas con orientaciones homosexuales. La necesidad de compasión y reconciliación nunca ha sido tan fuerte como en el mundo de hoy.

Reflexión

  • ¿Cómo responde mi corazón a estas verdades escondidas?
 

Oración

A la luz de estos desafíos, ¿cuál es mi oración?

 

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