Misericordia,
una oportunidad
de vivir

 

Instrumentos de reconciliación

Día 3: martes, semana 1

 

María, instrumento de la misericordia de Dios

Con su «sí» dado libremente en la Anunciación, María dio a luz a Jesús, la presencia del amor incondicional, perdón y reconciliación de Dios.

La tradición sostiene que María, conmovida por la crucifixión y muerte de Jesús, hace a un lado su propio dolor y su corazón herido y se vuelve hacia los confundidos y temerosos discípulos. Mirando hacia atrás al grupo reunido alrededor de ella en la habitación superior, su presencia nos muestra el poder del perdón y la reconciliación para sanar los corazones divididos y restaurar la unidad (Hechos 1:14). De este modo, como instrumento de la misericordia de Dios, a María se le conoce como la «madre de la reconciliación». Nuestra llamada es a emularla.

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El papa Francisco habla a menudo sobre la imagen de «María la Desatanudos». Él descubrió esta devoción a María mientras estudiaba en Augsburgo, Alemania, durante los años 80. En la iglesia Sankt Peter am Perlach vio la pintura de María rodeada de ángeles, sosteniendo una cinta larga, desatando un nudo grande, uno de los muchos que tiene la cinta. Esta devoción, que no está basada en ninguna aparición, tuvo un impacto profundo en su vida. Cuando se convirtió en arzobispo de Buenos Aires introdujo y promovió esta devoción a María. Hasta la fecha, esta devoción es muy popular en toda Argentina. Al llamar nuestra atención, el papa Francisco nos recuerda que «María atestigua que la misericordia del Hijo de Dios no conoce límites y alcanza a todos sin excluir a ninguno». (Papa Francisco, Misericordia Vultus, Bula de Convocación #24)

 

Reflexión

Basado en esa pintura, ofrecemos para su reflexión este mándala de «María la Desatanudos».

Mándala creado por Rachel

En el centro del mándala vemos a María desatando nudos. Ella está abrazada por la cruz de Jesús y el Espíritu está simbolizado por el color anaranjado.

  • ¿Qué conexiones percibo entre la cruz de Jesús, el Espíritu, la intercesión de María y mis cruces, los nudos que paralizan mi libertad interior, el estar completamente vivo, el llamado a manifestar la gloria de Dios?
 

Oración

Ofrecemos a María esta antigua oración o le hablamos a María desde nuestro propio corazón.

Acordaos, oh piadosísima Virgen María,
que jamás se oyó decir, que ninguno de cuantos han acudido a vuestra protección,
implorando vuestro auxilio y reclamando vuestro socorro,
haya sido jamás abandonado de vos.
Animado por esta confianza,
a vos acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes,
y gimiendo bajo el peso de mis pecados me animo a comparecer ante vos.
Madre de Dios,
no desechéis mis suplicas,
antes bien, escuchadlas y aceptadlas benignamente. Amén.

Esta oración está basada en los escritos de San Bernardo, la primera persona en llamar a María, «Nuestra Señora».

 

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