Misericordia,
una oportunidad
de vivir

 

Instrumentos de reconciliación

Día 2: lunes, semana 1

 

Perdonar o ser perdonados

Este momento nos convoca a considerar sagrados aquellos momentos en que somos llamados a perdonar o tenemos la necesidad de ser perdonados.

Nuestra experiencia nos recuerda que tener la capacidad de perdonar a una persona permanece envuelta en el misterio. De hecho, es difícil precisar el momento exacto cuando finalmente somos capaces de ver a la persona que nos hirió como alguien distinta a la causa de nuestro dolor. Esto es cierto para aquellos momentos en que necesitamos ser perdonados.

La habilidad de no permitir que las heridas dominen nuestras vidas, sea cual sea su causa, el pasado y el presente, perdonar o ser perdonado y buscar la reconciliación vienen de nuestro interior. Llegar al momento donde es posible el perdón y la reconciliación es un acto de libertad interior. Aunque tenemos un gran respeto hacia el sacramento de la reconciliación y quizás en cada Eucaristía confesamos nuestros pecados con la comunidad, sabemos que el perdón y la reconciliación es un proceso largo.

«El perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices». (Papa Francisco, Misericordia Vultus, Bula de convocación, #9)

Reflexión

Reflexiono sobre situaciones que las demás personas han provocado pero también aquellas que yo he provocado y que me arrepiento.

  • Igual que el viñador en la parábola de la higuera, ¿le doy la oportunidad a las demás personas para reparar un conflicto que ha dejado heridas?
  • ¿Estoy dispuesto a crear condiciones que promuevan un mejor entendimiento en nuestras relaciones?

Oración

San Francisco de Asís

Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu paz.
Donde hay odio, que lleve yo el amor.
Donde haya ofensa, que lleve yo el perdón.
Donde haya discordia, que lleve yo la unión.
Donde haya duda, que lleve yo la fe.
Donde haya error, que lleve yo la verdad.
Donde haya desesperación, que lleve yo la alegría.
Donde haya tinieblas, que lleve yo la luz.

Oh, Maestro,
haced que yo no busque tanto
ser consolado, sino consolar;
ser comprendido, sino comprender;
ser amado, como amar.
Porque es: dando, que se recibe;
perdonando, que se es perdonado;
muriendo, que se resucita a la Vida Eterna.

 

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