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Marguerite Bourgeoys: Una mujer de Dios, una mujer para los demás

El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto. (Jn 15:5)

La hermana Marie Morin, analista del Hôtel-Dieu de Montréal, describe a Marguerite de esta manera: «No existe nada que la hermana Bourgeoys no pueda hacer. Ella tiene éxito tanto en asuntos espirituales como temporales porque sus acciones y su inteligencia son inspiradas por el amor del Señor».

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Santa Marguerite Bourgeoys, Maestra

En 1640, Marguerite, entonces con 20 años de edad, decidió «entregarse al servicio de Dios». Ella solicitó la admisión a la congregación externa dirigida por las Canonesas de san Agustín (cuyo monasterio estaba ubicado en Troyes, en donde se encuentra hoy en día la Gendarmería). Las monjas habían establecido varias «escuelas pequeñas» en las áreas pobres de la ciudad. Entrenaron a las congréganistes como maestras. Marguerite recibió lecciones de pedagogía y se comprometió en la educación.

En estas «escuelas pequeñas» las niñas eran formadas como cristianas y se les enseñaba el catecismo, la lectura, la escritura, a contar y la costura.

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En un camino de oración con Santa Marguerite Bourgeoys

Charles de Glandelet, guía spiritual y biógrafo de Marguerite Bourgeoys, escribió acerca de ella, «Cuando una persona en quien ella confiaba le pidió cuenta de su oración, ella le dijo que no podía orar discursivamente (…). Una sola palabra o una sola verdad la entretenía mucho tiempo». ¿De qué manera las verdades que ella contemplaba la mantenían mucho tiempo en oración, absorta y en presencia del Dios que ella amaba?

A principios del siglo XVII, estaba emergiendo la «Escuela Francesa de Espiritualidad». Indudablemente Marguerite estaba inmersa en ella y oraba de acuerdo a esta Escuela.

Esta espiritualidad estaba centrada en el Verbo Encarnado – el Hijo de Dios hecho hombre, verdadero adorador del Padre. Para sus guías espirituales, la Biblia era su libro de oración. Ellos promovían fuertemente la lectura orante de las Escrituras. Estas dos fuentes, el Verbo Encarnado y el Evangelio, inspiraron un método de oración de tres puntos: «Jesús ante tus ojos, Jesús en tu corazón y Jesús en tus manos».

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