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De regreso… ¿a casa?

Marie-Claire Dugas

La hermana Marilyn von Zuben fue misionera en Japón (1963-1976) y en Camerún (1992-2010). Desde que regresó a Canadá, ha estado interesada en el proceso de reinserción de los misioneros que regresan. Ella está comenzando un grupo de apoyo para ayudar a las religiosas y los religiosos, que al igual que ella, están luchando con las dificultades que involucra regresar a Canadá después de vivir varios años en el extranjero en una cultura diferente.

¿Cómo se le ocurrió la idea de comenzar este grupo para misioneros que regresan al país?

Yo asistí a un taller de diez días de reinserción para misioneros que regresan, con la organización From Mission to Mission (De misión en misión). Lo encontré tan provechoso, que pensé, «No puedo quedarme con esto». Deben de haber otros misioneros en Montreal tambaleándose igual que yo y que podrían estar interesados en abordar juntos nuestros problemas. ¿Cómo estamos viviendo esta transición? Si hay personas en Montreal que están pasando a través de una depresión debido a la reinserción, este grupo les permitirá coger el teléfono y decir, «Realmente necesito hablar con alguien. ¿Podríamos ir a tomarnos un café?». Creo que sería bueno contar con un grupo de personas que puedas llegar a conocer bien, con quien te puedas sentir cómodo y que comprenda tu caminar.

¿Cuáles son los desafíos a los que se enfrentan los misioneros cuando regresan y cómo les puede ayudar tu grupo?

Todos hemos sido testigos de la violencia. Pero eso es algo que no puedes compartir durante la cena. Algunas personas que regresan de misión experimentan depresión y otras sufren choques post traumáticos. Lo que complica las cosas es que algunas de las atrocidades que vivieron fueron causadas por el gobierno de su país de origen. Por lo tanto, la ira es otra dimensión de nuestra experiencia como misioneros.

Al regresar muchos misioneros experimentan una crisis de identidad. Están acostumbrados a ser presentados por sus familiares y amigos como «mi hijo, sacerdote misionero» o «mi hermana, misionera», y ahora las cosas han cambiado. Para algunos, puede existir un sentimiento de pérdida que puede traer una oscuridad o sequedad espiritual. La vida de oración puede sentirse seca y uno se podría preguntar, «¿Dónde está Dios en todo esto?» ¡Esto es difícil!

Además, cuando regresamos para quedarnos, estamos más viejos, por lo que la dinámica de trabajo es diferente. Todos estamos acostumbrados a ser líderes, tener miles de ideas, iniciar proyectos, trabajar a tiempo completo desde muy temprano en la mañana hasta tarde por la noche y haber estado totalmente involucrados con las personas. No es lo mismo cuando regresamos para quedarnos y, como resultado, algunos no saben qué hacer consigo mismos.

Yo espero que este grupo pueda ofrecer un ambiente seguro a aquellos de nosotros que necesitamos compartir nuestras historias pero no tenemos otro lugar para hacerlo. Yo creo que nos comprendemos de una manera muy especial. Tenemos preguntas que personas que nunca han estado lejos no pensarían en hacerlas. Ofrecemos confianza y una escucha respetuosa.

Espero que este grupo sea una fuente de resurrección en una variedad de formas.

También será un lugar donde podremos examinar los dones que han sido nuestros y como resultado personas de culturas completamente diferentes nos han amado y han confiado en nosotros. Me siento agradecida, muy agradecida.

¿Crees que la comunidad a la que regresas hace alguna diferencia?

Definitivamente, si regresas a una comunidad donde todos han tenido una experiencia similar. Todos comprenden de lo que estás hablando y están realmente interesados en tu historia. Existe una diferencia en la manera en que escuchan. Hacen la transición mucho más fácil. Otros se sienten solos porque las personas con quienes viven no han tenido la experiencia de haber vivido afuera de su cultura natal.

¿Cómo se sintió regresar a Quebec después de haber estado lejos en misión?

Yo no regresé siendo la misma mujer que era antes de partir. Todos hemos sido cambiados, si realmente nos involucramos. Las personas interesadas en el grupo estaban muy involucradas. Nadie estaba como simple espectador viendo la vida pasar.

También hemos regresado a un lugar diferente del que salimos. Algunas han estado afuera de Quebec por 40 ó 50 años, es muy diferente de lo que era. Es un choque cultural grandísimo.

Cuando regresé me encontré pensando, «No encajo aquí». Cuando fui a Japón y a Camerún, yo sabía que era una extranjera y esperaba sentirme como una extranjera. Cuando regresé a Canadá, me sentí más extranjera. Me sentí como un barco a la deriva. Por ejemplo, cuando camino por las calles de Montreal, las personas no se voltean a ver, mucho menos pensar que se dirían «Buenos días». No pueden imaginar cuán diferente es de lo que viví en África. Me tomaba mucho tiempo caminar por la calle porque todo el mundo me detenía para saludarme, y yo conocía a todo el mundo.

¿Es más fácil la experiencia de reinserción para los misioneros que deciden regresar?

Por diferentes razones, yo fui la que decidió, primero, dejar Japón y muchos años después, dejar Camerún. Pero sé que otros misioneros no deciden regresar. A algunos sus congregaciones les pide que regresen; otros tienen que regresar porque están enfermos. También creo que algunas personas sienten el cambio más difícil que otras.

En su libro At Home in the Journey[1], Jo Ann McCaffrey escribe que ve la «reinserción como algo positivo». ¿Qué te enseñó la reinserción?

Yo todavía estoy en transición. Pero estoy consciente de cuán bendecida he sido con la habilidad de adaptarme. Estoy bien. Me gusta la gente. La reinserción me ha ayudado a estar más consciente de mi habilidad de conectarme con las personas. Me ha ayudado a conocerme mejor y apreciar más los regalos que he recibido de Dios. También ha dado lugar a una nueva creatividad mientras trato de iniciar este grupo.


[1] McCaffrey, Jo Ann. At Home in the Journey. Theological Reflection for Missioners in Transition, CCGM Publications, Chicago, 2005.

 

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