Your browser is not Javascript enable or you have turn it off. We recommend you to activate for better security reasonPelea, huye o quédate quieto

Acogida > Noticias > Artículo

Pelea, huye o quédate quieto

Libby Osgood, novicia CND

Mientras me dirigía hacia Home Depot, en un mandado para arreglar un inodoro que tenía una fuga (la mayoría de las novicias somos las encargadas de hacer esto), me di cuenta que había olvidado ponerle llave a la puerta del carro. Sin detenerme para corregir este error, metí mi mano dentro de mi bolsillo, sentí las llaves, empuje el botón para cerrar la puerta, escuché el satisfactorio 'beep beep' y retiré mi mano del bolsillo, aliviada de haber rectificado la situación. El policía de seguridad aburrido que observaba la cámara de seguridad (o quizás un dron sobre mí) pudo haber visto solamente a una mujer meter su mano en el bolsillo y luego retirarla. Yo reflexiono sobre cómo esta corrección no me atrasó y cómo la habilidad de corregir mi faux paux (paso en falso) era un acontecimiento común que rozaba lo mundano. En lugar de tener que regresar al carro para cerrar la puerta, pude continuar fácilmente mi día.

Ahora usted se preguntará si estoy tan aburrida que la única cosa que puedo escribir en mi blog es presumir de la habilidad que tengo para cerrar la puerta de mi carro. Ese no es el punto, se lo aseguro. Desde que estoy en el noviciado creo que me estoy volviendo muy introspectiva y recientemente consciente de todo lo que me rodea, desde mis emociones hasta mis cambios espirituales internos, todo se convierte en una reflexión. Me pregunto si me estoy volviendo demasiado reflexiva, como el simple hecho de que cerrar mi carro me catapultó mentalmente a una reflexión sobre la naturaleza contemplativa de la sociedad y nuestra capacidad retrasada para actuar. (Luego me pregunté cuánto me cuestiono y comencé a preocuparme que esto podría estar preocupándome).

El punto de todo - aunque nuestra sociedad solía responder a las amenazas diciendo 'pelea o huye', muchos de nosotros ahora simplemente nos quedamos quietos. Este fenómeno es llamado inmovilidad tónica (wiki link). Algunos animales responden a situaciones de tensión sin moverse intensamente, como un venado frente a las luces o como cuando te dicen que te hagas el muerto con un oso negro. (¿O son los osos cafés con quienes te haces el muerto y con los negros tienes que salir corriendo??).

Al igual que mis compatriotas milenarios, me encuentro a mí misma llena de miedo cuando suena el teléfono, enojada con el invasor intruso que interrumpe la paz de mi día, deseo que fuera un texto que puedo atender en su momento, analizar el mensaje y elaborar contemplativamente la respuesta correcta. Con una llamada telefónica - ¿qué pasa si digo algo malo? ¡Tengo que responder de manera inmediata! ¿Qué pasa si no sé qué decir? Es difícil transmitir la inmovilidad tónica por teléfono pero estoy segura que sucederá.

O, cuando me encuentro en una situación extraña, cuando alguien a mi alrededor tiene una explosión grande o me encuentro en algún tipo de confrontación, me quedo parada ahí boquiabierta, incapaz de moverme, murmullando algo incoherente e inquietándome más tarde. Luego, la conversación se repite en mi cabeza, una y otra vez, mi cerebro está paralizado creando la respuesta perfecta para tenerla lista la próxima vez. Continúo analizando demasiado la situación hasta que me doy cuenta que la explosión pudo haber sido provocada por algo mucho más profundo que el evento mismo. Puede haber alguna raíz debajo del pasado o una razón real por la cual todavía me siento molesta. Lo divertido es que este sentimiento siempre me sorprende, ¡como si nunca hubiera tenido muchas veces antes el mismo pensamiento profundo!

Al profundizar en niveles nuevos de sobre analizar, no me sorprende que seamos una sociedad paralizada. Hemos perdido nuestro instinto de hombre y mujer cavernícola para reaccionar, en parte por las expectativas que tenemos que decir lo correcto y en parte porque el tener que ser amable con las personas elimina de nuestra sociedad todo tipo de confrontación. El padre Mike Schmitz ha enfocado varias de sus homilías recientes en cuan tóxicas las personas de Minnesota (y yo diría que los estadounidenses y canadienses) son en su necesidad de ser amables. No ocasionen problemas. No perturben la paz. ¡Por favor, no suban la voz! Ahora bien, ¿esto no fue muy amable, no es así?

Estoy empezando a aprender que la confrontación puede que sea buena. Aunque he escuchado esto en muchas clases de liderazgo, incluidos los talleres sobre 'confrontación saludable' (tanto profesionalmente como ingeniera y personalmente como novicia), apenas estoy comenzando a ver la sabiduría de ello. Al moverme a Nueva York y encontrar culturas que se gritan mutuamente como medio de comunicación y yo con mi origen puritano de una dulce y bella sureña, ha sido desagradable. A menudo escucho alegatos en el tren que resultan cuando alguien calla a otro por hablar demasiado fuerte o al hacer fila en una tienda donde las personas se gritan entre sí por cualquier motivo (por cortar la fila, por acercarse mucho, por hablar en sus celulares, por no avanzar lo suficientemente rápido, etc.). Hasta me han pedido mi opinión sobre el alegato. A lo que les contesto - "Yo ... uhhh... ummm.. ¿están ustedes discutiendo? No me había dado cuenta". Lo que es sorprendente es que al final ambos parecen estar más contentos de haber dicho su parte y la vida regresa a la normalidad. Generalmente concluyen con algún tipo de disculpas, reconcilian lo sucedido (tristemente, me trasladan toda su tensión). Quizás no tienen miedo de equivocarse o de demostrar su pasión. Si nosotros entráramos frecuentemente en confrontaciones y enfrentáramos los problemas obvios que tenemos en frente de nosotros, estaríamos más deseosos de ver y admitir cuando estamos equivocados.

Los pensamientos dispersos y aparentemente discrepantes enumerados aquí me refuerzan la importancia de la contemplación. Quizás tomar tiempo para meditar cada día no solo le permite a usted moverse más consciente en el momento de la confrontación, pero también a procesar después la situación para descubrir la causa real del problema. La contemplación, entonces, crea una alternativa para 'pelear, huir o quedarse quieto', dejando atrás a los pendencieros neoyorquinos y mi atónita inmovilidad. Quizás alguien con un enfoque contemplativo puede responder reflexivamente, en lugar de una manera reactiva o ¡sin ninguna reacción!

Como novicia de una congregación religiosa, me apunto yo misma para tener una hora de oración personal al día para fortalecer mi relación con el Divino. Como ingeniera, busco evidencias y resultados para evaluar la efectividad de un proceso. Es confortante, entonces, ver que este tiempo de oración contemplativa, podría ya estar influenciando positivamente mi rumia y quizás hasta mis acciones. Me llamo Libby y soy una inmóvil tónica en recuperación.

 

Vuelta al índice precedente Todas las noticias
© Tous droits réservés Congrégation de Notre-Dame, Montréal, Québec, Canada