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Artículo publicado en The RI Catholic

Patricia McCarthy, CND

Artículo publicado en The RI Catholic

Todavía es verano en Nueva Inglaterra, pero la temporada gira principalmente alrededor del regreso a clases – las tiendas, los anuncios en los periódicos, la cantidad de autobuses escolares, las largas filas de carros dejando a los niños en las escuelas, los campos deportivos llenos de jóvenes atletas. Todo se relaciona con la escuela.

Incluso las noticias mundiales de la noche informan sobre las escuelas patrocinadas por la UNICEF en los campos de refugiados en Siria, Líbano y Afganistán. Los niños trabajan durante el día recogiendo papas y luego van a la escuela durante la noche. Hace un año estos niños vivían en vecindarios de clase media con sus padres, que eran profesionales. Ellos todavía no han perdido su salud ni su entusiasmo por la vida, pero lo harán con el tiempo.

La ciudad de Nueva York y muchas otras grandes ciudades tienen escuelas llenas de niños que serán los primeros en sus familias en asistir a la escuela y a la universidad. La educación todavía es una marca para abrirse camino en un país nuevo.

Los maestros, tanto de las escuelas públicas como de las escuelas católicas, están comprando todo tipo de materiales para sus alumnos, preparando sus clases y esperando un nuevo comienzo. Con toda la tecnología y la educación en línea disponible hoy en día, no existe substituto alguno para un buen maestro que proporciona esa chispa de iniciativa de ideas nuevas, el amor por aprender que va más allá de la habilidad de leer y escribir y saber información.

Un hombre de 94 años me contó la historia de tener que dejar la secundaria a los catorce años para ayudarle a su madre viuda con el costo de tener que criar sola a cinco niños. Daba vueltas por todos lados haciendo trabajos eventuales hasta que tuvo la edad suficiente para trabajar en una fábrica. Todavía lloraba al contar la historia de tener que dejar la escuela. Él amaba aprender, pero logró terminar la secundaria durante la noche y leyó un libro a la semana el resto de su vida. Tuvo algunos excelentes maestros en los años que pudo ir a la escuela y atrapó la chispa por aprender. Esta chispa nunca lo dejó.

En estos años particularmente difíciles para las escuelas católicas debido al costo de la educación. La clase media, que es el baluarte de la sociedad, está luchando con el constante aumento del costo de vida. Para aquellos que tienen la capacidad y para aquellos que hacen decisiones de estilo de vida que les permiten los recursos financieros para una educación católica, los sacrificios bien valen la pena. Los donadores generosos ayudan con becas y las escuelas proporcionan bastante ayuda financiera.

Una conversación reciente entre una niña de 3 años y su mamá después del segundo día de pre kínder 3 revela uno de los muchos beneficios de las escuelas católicas.

Madre: «¿Qué es lo que te gusta hacer con tus amigas en la escuela?».

Niña: «¡… en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. AMEN!» (mientras hace el signo de la cruz).

Madre: «O, ¿rezan juntas?».

Niña: «Si, me gusta rezar con mis amigas como en la iglesia».

Los teólogos hablan de la Iglesia, de la comunidad y de Dios. Una niña de 3 años lo entiende sin un sermón.

 

 

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