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Marguerite Bourgeoys – Amar es servir

Hermana Louise Côté, CND

En 1652, Paul de Chomedey de Maisonneuve (originario de Neuville-sur-Vanne), fundador y gobernador de Ville-Marie (Montreal), estaba pasando por Troyes en busca de una maestra. Para Marguerite, esta era una llamada: «Me ofrecí para ir y él me aceptó».

«Aproximadamente quince días después de la Fiesta de Todos los Santos», seguido a su largo viaje (dos largos meses en el mar) desde Troyes hasta la Nueva Francia y su estadía en Quebec para cuidar los reclutas convalecientes, Marguerite llegó finalmente a Ville-Marie. Por fin logró llegar al lugar donde llevaría a cabo su misión, el lugar por el cual había dejado a su familia y su Francia natal.

Sin embargo, en ese diciembre de 1653, no hubo ninguna oportunidad de enseñar. Esto debido a que no había niños de edad escolar. ¿Qué medios encontró ella para integrarse a la vida de la colonia? ¿Cómo demostró su devoción?

El entusiasmo de Marguerite encontró rápidamente medios de expresión. Ella respondió a las necesidades de los colonos, confortó a los afligidos, ayudó a la fundadora del Hôtel-Dieu, Jeanne Mance (también de la región de Champagne, del pueblo de Langres), proclamó las Buenas Nuevas con sus humildes acciones diarias y aconsejó a todos aquellos que buscaban su consejo. Claramente, de ninguna manera fue tímida o egoísta.

Ella era la responsable de la formación de Marie Dumesnil, una niña de doce años que habían encargado al cuidado de Marguerite cuando salió de Francia. También estaba involucrada con otras jóvenes mujeres que llegaron a la Nueva Francia para «establecer familias nuevas».

Cada año después de 1663, habían barcos que traían jóvenes mujeres, generalmente huérfanas, quienes habían recibido una dote del Rey para poblar la colonia; de ahí el nombre de filles du roi o hijas del Rey. Venían de ciudades o pueblos pequeños; generalmente eran jóvenes a las que les esperaba un futuro sombrío. Marguerite las preparaba para su futura vida en este duro país y les ofrecía lo que consideraríamos hoy en día «cursos de preparación para el matrimonio». Su firma aparece en varios contratos matrimoniales, firmados en el parloir de la Congrégation, en la sala de la Congregación.

En 1668, con el propósito de satisfacer las necesidades de la colonia, ella organizó y operó una finca. En 1676, abrió una casa, el equivalente a una escuela de ciencias domésticas, conocida como La Providence, donde las jóvenes mujeres podían aprender las habilidades que necesitaban en ese tiempo.

Marguerite y sus compañeras también ofrecían retiros a las mujeres y a las jóvenes.

En una obra acerca de la vida de Marguerite Bourgeoys, el autor imaginó un diálogo entre Marguerite y un coureur des bois (aventurero del bosque, apodo que recibieron los primeros comerciantes de pieles):

Madre Bourgeoys – Un verdadero coureur des bois no abandona su camino con el primer obstáculo. Yo también me encuentro en tu línea de trabajo… y he estado durante casi cuarenta años.

Coureur (no la toma muy en serio) - ¿Qué es lo que rastreas? ¿Zorros, castores, liebres?

Madre Bourgeoys – Yo rastreo almas… las almas de los salvajes tan astutos como los zorros; las almas de los colonos tan valientes como los castores; las almas de los niños tan tímidos y suaves como las liebres.

Coureur (reconociendo a la persona a quien se dirige) – Dios perdóname, tú eres la Madre de nuestras madres, de nuestras hermanas y de nuestras hijas… (se inclina) Madre Bourgeoys…

Rápidamente, Marguerite comenzó a participar activamente en la vida de la joven comunidad que era Ville-Marie. Ella se convirtió en Marguerite la constructora. Ella ayudó a erigir la cruz de la montaña, remplazando la que los iroqueses habían derribado. Ella escribió «Me llevé a Minime (Gilbert Barbier, un carpintero) y varios otros hombres y estuvimos ahí durante tres días seguidos. Se levantó la cruz y hubo postes para rodearla».

Durante 1657, ella soñaba con construir, en las afueras de Ville-Marie, una pequeña capilla Mariana – un lugar donde los colonos pudieran peregrinar en honor a la Madre de Dios. Con este fin, el Señor de Maisonneuve le dio un terreno a la orilla del río San Lorenzo. Marguerite buscó trabajadores entre sus amigos y contrató jornaleros. A cambio, ella se ofrecía a coser, ella cosió durante días y noches. Aunque el proyecto fue abandonado por algún tiempo, la capilla fue construida. Todavía se encuentra hoy en día y es un lugar de peregrinación en el Montreal actual.

En 1658, el Señor de Maisonneuve le cedió a ella un establo de piedra para que lo utilizara como aula y residencia para las maestras, Marguerite Bourgeoys, con la ayuda de carpinteros, lo limpió inmediatamente, le instaló una chimenea y reparó el techo para hacerla habitable. El palomar lo transformó en un desván que serviría como dormitorio para las maestras.

Gradualmente, la expansión de la obra de Marguerite hizo necesario construir otros edificios en Montreal y sus alrededores.

Al describir a Marguerite Bourgeoys, la constructora, Dom Jamet, uno de sus biógrafos, escribió: «Ella aceptaba concesiones, ella adquiría propiedades, ella construía. En un tiempo en que Ville-Marie se encontraba en extrema pobreza esto verdaderamente demostraba una gran fe en la Providencia».

La hermana Marie Morin, analista del Hôtel-Dieu de Montréal, describió a Marguerite de esta manera: No existe nada que la hermana Bourgeoys no pueda hacer. Ella tiene éxito tanto en asuntos espirituales como temporales porque sus acciones y su inteligencia son inspiradas por el amor del Señor.

Como mujer de fe, Marguerite Bourgeoys, siempre pendiente de las necesidades de los demás y lista para brindar soluciones adecuadas, pone toda su creatividad al servicio de la misión.

Marguerite Bourgeoys

Nació en Troyes en 1620

Bautizada en la iglesia Saint-Jean-au-Marché

Murió en Montreal (Canadá) en 1700

Canonizada por el papa Juan Pablo II en 1982

 

Les Sœurs de la Congrégation de Notre-Dame de Montréal

 

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