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Presentes en cuatro continentes:
vivir la internacionalidad

Misión

La palabra «misión» viene del latín «mittere»: «enviar».

En tiempo de Marguerite, ir en misión significaba, para una hermana de la Congregación, ser enviada a trabajar al exterior de la Casa Madre situada en Montreal. Por extensión, se empezó a dar este nombre de «misión» a todas las otras casas. Al principio, era en general la comunidad que asumía la responsabilidad de una nueva misión y escogía a las que se mandarían allí, siempre en respuesta a una invitación o a una solicitud. Más tarde, las superioras mayores determinaron el lugar donde serían establecidas las nuevas misiones y llamaban a las que irían. Las hermanas recibían «nominaciones» diciéndoles a dónde serían «enviadas».

Durante más de tres siglos, las hermanas trabajaron en la prosecución de la misión de Marguerite Bourgeoys, que cruzó el océano para participar en el desarrollo de una pequeña colonia que debía encarnar el ideal de la primera comunidad cristiana. En vida misma de Marguerite, la obra emprendida en Ville-Marie había empezado a extenderse a fin de responder a las necesidades de la población y a los urgentes llamados de los sacerdotes y obispos. Poco a poco, la Iglesia reclama también la presencia de la Congrégation de Notre-Dame en Ontario, en las provincias Marítimas y en los Estados Unidos. Después, las hermanas ampliaron más todavía su campo de acción abriendo misiones en Japón, en América Central, en África y en Francia.

He aquí por qué encontramos hoy en los cuatro rincones del mundo a hermanas y personas asociadas de la CND que viven y trabajan inspiradas por el carisma de su fundadora.


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