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Una historia de amor diferente: etapas para hacerse hermana

Discernimiento: «Ven y ve»

Era una vez una joven mujer audaz en su fe y sus sueños que decide ir a ver, interrogar y entender. Se la llama aspirante. Se reune con las hermanas, comparte algunas actividades con ellas. Descubre un mundo que la acoge, que se asemeja a ella. Este modo de vida la seduce.

Prenoviciado: «Ven y vive»

Nuestra aventurera de la fe decide implicarse todavía más. Trata de conocer mejor a las hermanas: la relación se hace seria. ¡Se instala! Se le llama ahora candidata y comparte día tras día el diario vivir de las hermanas continuando su camino personal. Participa de la vida comunitaria, de la vida de oración y de la obra de educación liberadora. Ella descubre que apoyada por una familia amorosa, puede vivir según su fe y sus valores.

Noviciado: «Ven y ahonda»

En el corazón de nuestra candidata existe un ardiente deseo de ahondar su relación con Dios. Dios la llama, para ir hacia Él, no puede vacilar más. Entra al noviciado y se presenta de hoy en adelante con orgullo como «hermana». Inspirada por el carisma de Marguerite Bourgeoys, interioriza el sentido de su vida religiosa y empieza una formación concreta con vistas a prepararse a la profesión. ¡Su fe brilla como un sol!

Profesión religiosa: «Ven y libérate»

Nuestra intrépida novicia prosigue su camino. Su voluntad se consolida y, deseosa de consagrarse totalmente a Dios pronuncia sus votos, que son otras tantas vías hacia la libertad.

Discierne, en diálogo continuo con un mentor, para conocer mejor la voluntad de Dios sobre su vida; profundiza su libertad interior para dedicarse más a la obra escogida. ¡Dios la acompaña!

Esta historia continúa, cada hermana la escribe con sus propias palabras... ¡Tantos capítulos que quedan por escribir!

La luz bajo el celemín

«Nadie enciende una lámpara para cubrirla con un envase o ponerla debajo de la cama. Por el contrario la pone en un candelero, para que los que entran vean la luz»

Lucas 8, 16

¡Hacer aparecer la luz!

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